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Industria sostenible: cómo integrar eficiencia, descarbonización y competitividad

09/06/2026 Categorías: Excelencia OperacionalMesa Excelencia OperacionalMesa SostenibilidadSostenibilidadeXperiencias
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¿Es posible avanzar en descarbonización sin perder competitividad?

Esa fue la pregunta que abrió la segunda Mesa especial del ciclo #eXperienciasFIN organizada por Fundación Industrial Navarra y que reunió a José Luis Elejalde (TECNALIA), Irune Elorz (CAF), Ernesto Barceló (Gestamp) e Iosu Barragán (Schneider Electric) para debatir sobre uno de los grandes desafíos de la industria actual.

La principal conclusión de la jornada fue clara: eficiencia, descarbonización y competitividad ya no pueden gestionarse por separado. La sostenibilidad ha dejado de ser un ámbito independiente para convertirse en una cuestión estratégica que afecta a la tecnología, la energía, las compras, la cadena de suministro, la financiación y el desarrollo de negocio.

La jornada comenzó con la intervención de José Luis Elejalde, director de Transición Energética, Climática y Urbana de TECNALIA, quien planteó una reflexión que marcó el tono del resto del debate.

La descarbonización es uno de los mayores retos ambientales de nuestra generación, pero también una oportunidad para reforzar la competitividad industrial si somos capaces de acompañarla con innovación, tecnología, inversión y una visión de largo plazo.

Elejalde situó la dimensión del reto con un dato contundente: el 73% de las emisiones globales están vinculadas a la energía y el 86,7% de la energía mundial sigue procediendo de combustibles fósiles. Analizó además el contexto geopolítico comparando tres modelos: Estados Unidos, con una estrategia basada en petróleo y gas y una fuerte capacidad de producción doméstica; China, con una visión de largo plazo orientada a la autonomía energética e industrial y al control de materiales críticos; y Europa, con la mayor ambición climática, pero con una integración insuficiente entre sus objetivos ambientales y su estrategia industrial.

Su conclusión fue que no es realista separar sostenibilidad ambiental, social y económica: si falla la primera, suben los costes de adaptación, se debilita la competitividad y aumenta el riesgo social y político. La transición es una oportunidad para la industria, pero solo si existe una estrategia de largo plazo que la acompañe.

Irune Elorz explicó cómo CAF ha integrado la sostenibilidad como uno de los cuatro ejes de su plan estratégico, vinculándola al propósito corporativo de desarrollar soluciones de transporte sostenible.

La compañía compartió que ha logrado reducciones muy significativas en sus emisiones de alcance 1 y 2, al tiempo que ha mejorado la rentabilidad en un mercado que crecía alrededor de un 3%. También destacó el papel creciente de la financiación sostenible y del reporting como herramientas para tomar mejores decisiones de negocio, no como meros ejercicios de cumplimiento.

Su mensaje fue directo: la sostenibilidad genera valor cuando forma parte de las decisiones de negocio. En un entorno donde los criterios ESG pesan cada vez más en licitaciones y contratos, la capacidad de demostrar compromisos reales se convierte en una ventaja competitiva tangible.

Ernesto Barceló aportó una de las reflexiones más reveladoras de la jornada al poner el foco en un aspecto que a menudo queda fuera del debate público: los materiales.

Recordó que una parte muy significativa de las emisiones asociadas a la manufactura, en el caso de la automoción no procede del consumo energético de los procesos industriales o de la fase de uso del vehículo, sino de las materias primas, como el acero y el aluminio.

En este contexto, defendió la economía circular y el uso de acero reciclado como herramientas que permiten reducir emisiones de forma drástica: integrar chatarra de alta calidad rebaja significativamente la huella respecto al acero primario. Permite pasar de gestionar chatarra a integrar una materia prima secundaria en el proceso de fabricación.

Además, compartió cómo Gestamp está impulsando la transformación de su cadena de suministro para que los proveedores sean más sostenibles, más rentables, más resilientes y flexibles.

También alertó de la necesidad de alinear regulación, sostenibilidad y estrategia industrial para evitar que la transición termine debilitando la capacidad productiva europea en lugar de reforzarla.

Iosu Barragán puso el foco en la digitalización y en el papel que desempeñan los datos para impulsar una transformación industrial que sea a la vez sostenible y competitiva.

Su planteamiento fue claro: si no se invierte en sostenibilidad, no se puede hablar con seriedad de competitividad. Pero añadió un matiz esencial: la sostenibilidad no es solo reducir emisiones, sino replantear el proceso productivo completo.

Para ello, defendió que los datos, la automatización y la gestión energética en tiempo real son elementos imprescindibles. La digitalización debe convertir la información en conocimiento contextualizado y accesible para toda la organización. Sin eso, el riesgo es tomar decisiones equivocadas o hacer lo que definió como “sostenibilidad de escaparate.”

Además, compartió un ejemplo cercano: su planta de Puente la Reina, en Navarra, que inició mejoras de eficiencia energética en 2014 y que en 2020 se convirtió en una instalación neutra en carbono. Un caso que demuestra que la transformación es posible, paso a paso y con resultados medibles.

Más allá de las perspectivas de cada empresa, la conversación hizo emerger varios temas compartidos que merecen atención:

  • El peso creciente de la sostenibilidad en compras y contratación. Los criterios ambientales y sociales tienen cada vez más peso en licitaciones y en las decisiones de grandes clientes. Esto afecta directamente a las empresas proveedoras, que necesitan prepararse para responder a estas exigencias.
  • El reto de las pymes. Los ponentes coincidieron en que es posible trasladar estos modelos a pequeñas y medianas empresas, pero debe hacerse según las posibilidades de cada una, con proyectos de eficiencia y digitalización con retorno razonable, y con apoyo para que se integren en la transformación de la cadena de valor.
  • La pregunta del consumidor. Varios participantes coincidieron en que la descarbonización tendrá impacto real si el mercado y los consumidores aceptan pagar por productos con menor huella. La coherencia entre lo que se pide a las empresas y lo que se compra como consumidores es esencial.
  • Ecodiseño y durabilidad. Se exploró la posibilidad de producir menos, alargar la vida útil de los productos y rediseñarlos para facilitar el reacondicionamiento y la reutilización, con respuestas positivas especialmente desde los sectores ferroviario y de automoción.
  • Pocos indicadores, bien elegidos. La transformación requiere objetivos claros, indicadores relevantes y una hoja de ruta realista. Dispersarse en exceso con KPIs diluye la capacidad de avanzar.

La jornada cerró con una idea ampliamente compartida por todos los participantes:

La sostenibilidad solo es viable si está integrada en la estrategia de negocio, la operación industrial, la tecnología y la cadena de valor. No es un coste accesorio ni un ejercicio de reporting: es una condición para mantener la competitividad, la autonomía energética y la resiliencia industrial en el medio y largo plazo.

La pregunta ya no es si las empresas deben avanzar en sostenibilidad. La pregunta es cómo hacerlo generando más valor, más resiliencia y más competitividad para nuestra industria.