Fundación Industrial Navarra reúne en el Aula Magna de la Universidad de Navarra a más de 260 directivos, responsables y técnicos de seguridad de un centenar de empresas navarras en un juicio simulado por accidente laboral. Con un magistrado, un fiscal y un inspector de Trabajo en su papel real, el ejercicio muestra qué responsabilidades asume cada persona de la organización y qué decisiones marcan la diferencia en la prevención.
Fundación Industrial Navarra (FIN), en colaboración con Asesoría Jurídica y Prevención (AJP), ha convertido el Aula Magna de la Universidad de Navarra en una sala de vistas. Durante cuatro horas, directivos y técnicos de seguridad de más de un centenar de empresas han asistido a un juicio simulado por accidente laboral. La iniciativa busca sensibilizar a las empresas sobre la importancia de la prevención: que cada persona de la organización conozca qué responsabilidades asume, entienda cómo influyen sus decisiones diarias en la seguridad y se lleve pautas concretas para reforzar la cultura preventiva en su propia empresa.
“Que todos estos directivos y responsables de seguridad hayan querido estar hoy aquí demuestra que la seguridad es una prioridad absoluta en nuestras empresas”, ha señalado Elena Alemán, directora-gerente de Fundación Industrial Navarra. “No queríamos hablar de condenas, sino de decisiones. Solemos asociar la seguridad a ciertos cargos de una organización, pero la prevención es un eje que se alimenta de todos. Empieza en la dirección y llega hasta el último puesto de la planta. Si no la entendemos como parte de la cultura de la empresa, estamos asumiendo muchos riesgos”.
Las figuras reales de un procedimiento
El ejercicio reproduce una vista oral con las figuras reales de un procedimiento penal, cada una en su papel profesional habitual: un magistrado del Juzgado de lo Penal de Pamplona, un fiscal adjunto al Fiscal de Seguridad y Salud en el Trabajo, un inspector de Trabajo, abogados penalistas especializados y un perito.
Profesionales de prevención de empresas navarras han interpretado de forma voluntaria a los cinco responsables de las empresas implicadas: dirección de planta, jefatura de turno, jefatura de mantenimiento, técnica de prevención y encargado de la contrata.
El juicio se desarrolla a partir de un supuesto ficticio que reproduce situaciones y decisiones que pueden darse en cualquier empresa industrial. El caso permite analizar las responsabilidades de los distintos intervinientes y comprender cómo los fallos de coordinación, comunicación y control de las medidas preventivas pueden desembocar en un accidente de trabajo.
El caso parte de una situación habitual en la industria. Una empresa contratista realiza trabajos de mantenimiento en una línea de producción. Finalizada la intervención prevista, uno de sus trabajadores comunica que va a realizar una tarea adicional de limpieza. Mientras la ejecuta, la máquina se pone en funcionamiento y el trabajador sufre un accidente mortal. A partir de estos hechos, el juicio analiza las medidas de seguridad, las comunicaciones y las decisiones de los distintos responsables implicados.
Cinco cuestiones que cualquier planta reconoce en su día a día
El valor del ejercicio está en las preguntas que plantea, más que en el desenlace:
- Coordinación entre empresas. Cuando coinciden trabajadores de distintas empresas en un mismo centro, no basta con intercambiar documentación. Es necesario garantizar una coordinación efectiva durante la ejecución de los trabajos.
- Funciones y responsabilidades. Dirección, producción, mantenimiento, prevención y contratista tienen cada uno un papel definido. El juicio examina cómo ha actuado cada uno.
- Gestión de cambios. Una tarea añadida a la prevista exige revisar de nuevo las condiciones de seguridad, aunque parezca menor.
- Decisiones operativas. Antes de intervenir en una máquina, y sobre todo antes de reanudar su funcionamiento, la comunicación entre todas las partes es decisiva.
- Documentación. Las evaluaciones de riesgos, los permisos de trabajo y los procedimientos preventivos son herramientas fundamentales, pero su eficacia depende de que las medidas previstas se apliquen y supervisen en la práctica.
Un realismo que sensibiliza
El magistrado dirige la vista. El Ministerio Fiscal formula sus preguntas, las defensas intervienen y el inspector de Trabajo expone sus conclusiones. No es una jornada convencional: no hay ponencias ni diapositivas. Los asistentes presencian la recreación de un procedimiento penal, con sus interrogatorios, pruebas y argumentos jurídicos, y siguen el desarrollo del juicio con atención y en silencio.
Ese realismo es una de las claves del ejercicio. Los asistentes han podido conocer cómo se reconstruye un accidente laboral ante un tribunal, cómo se analizan las actuaciones de los distintos responsables y qué importancia tienen las medidas preventivas, la coordinación entre empresas y las decisiones adoptadas durante la ejecución de los trabajos.
“Ver cómo se desarrolla un procedimiento penal, con la participación de un magistrado, un fiscal y un inspector de Trabajo que ejercen habitualmente estas funciones impacta, y mucho», ha señalado Elena Alemán. «Pero, más allá del impacto de la experiencia, lo verdaderamente importante es comprender cómo se analizan las responsabilidades tras un accidente laboral: qué hizo cada persona, con qué información contaba y qué decisiones tomó. Ese es el aprendizaje que queremos que los asistentes se lleven a sus empresas”.
Cuatro lecciones que nos deja la sentencia
La lectura de la sentencia y el debate posterior con los profesionales jurídicos han dejado varias conclusiones que cualquier empresa puede aplicar desde mañana:
- La planificación preventiva no es un trámite. No basta con elaborarla y archivarla. Tiene que estar viva, revisarse cuando cambian las condiciones del trabajo y aplicarse en el día a día.
- Procesos claros, conocidos y por escrito. Cada persona debe saber qué le corresponde y cómo actuar. Las instrucciones, los cambios y las autorizaciones tienen que comunicarse siempre y, a ser posible, por escrito, para que no quede espacio para la interpretación.
- Formar para que los protocolos se asuman como propios. No es suficiente con que existan. La plantilla tiene que entenderlos, saber por qué están ahí y hacerlos suyos. Eso solo se consigue insistiendo en la formación y en la comunicación.
- Actuar con rapidez tras un accidente. Las primeras horas son determinantes. Recoger pruebas, conservar evidencias y registrar llamadas y comunicaciones permite reconstruir con rigor lo ocurrido y aprender de ello.
Conocimiento que se comparte
Para la directora-gerente de FIN, el ejercicio resume la forma de trabajar de la Fundación Industrial Navarra. “El juicio nos ha permitido extraer claves comunes a todas nuestras empresas. Ese es el valor del conocimiento compartido: lo que hoy hemos visto aquí, cualquier compañía puede llevarlo mañana a su planta y revisar con su equipo cómo se coordinan, cómo comunican los cambios y cómo garantizan que las medidas preventivas se aplican en el trabajo día”, ha explicado Elena Alemán.
Alemán ha agradecido también la colaboración de la Universidad de Navarra, de los profesionales jurídicos que han participado y de las empresas del ciclo eXperiencias que han hecho posible la iniciativa: ATECNA, Grupo Elektra, Grupo Empresarial Enhol, Frenos Iruña, GIMA Navarra, Focke Meler Gluing Solutions, Mainate, Perfinasa, Caja Rural de Navarra y Veridas.
